Jueves 23 de Febrero del 2017
ARTE Y CULTURA / 18 JUN 2015

A solas con Aldo Sessa

Él dice que es “un tipo más”. Pero para los que sabemos quién es Aldo Sessa, esa afirmación 'no aplica'. Y si quien está leyendo esta nota no lo conoce, tengo el privilegio de presentárselo: Es el 'decano' de la fotografía en Argentina; artista plástico; realizador audiovisual; editor; autor de varias decenas de libros y dueño de una vida impregnada de cultura desde la cuna, llena de colores y experiencias que le tallaron en la piel una personalidad seductora y auténticamente porteña. Por: Norma Dominguez

¿Quién es Aldo Sessa?

 

Un tipo común que está en el arte desde hace 66 años y que aprendió que si no te das cuenta de que lo único que podés aportar es tu camino, pero que es tan válido como todos los caminos de los demás, algo que enriquece al arte, estarías equivocado en lo básico. 

 

En ese sentido tengo una profunda convicción y lo ratifico cada día. Cada artista tiene que ser fiel a sí mismo y mostrar su esencia, porque el arte es invulnerable, impenetrable.

 

¿Cómo fue su niñez?

 

Tuve la suerte de nacer en una familia bastante particular. Mi abuelo había fundado los laboratorios Alex de cine. Era un gerente bancario apasionado por el cine, e inventó, en 1928, el primer laboratorio cinematográfico de Argentina. Y mi abuela (que vivió hasta los 100 años), y mi madre, sabían revelar, y la fotografía estaba sobre la mesa.

 

Me encantaba dibujar de niño y mi madre era muy artista y notó que me encantaba el arte y me apoyó muchísimo. Y a los 10 años me anotó en una escuela de pintura que había fundado aquí Marcelo De Ridder, y fui a un taller con 20 chicos y chicas y pintaba en todas la técnicas. Desarrollé mucho mi mirada y era muy feliz en esa soledad del artista que la conocí desde muy chico.

 

Mi madre hacia esculturas con Lucio Fontana y yo la acompañaba y le amasaba la arcilla. Yo me crié en el arte.

 

Estaba rodeado de grandes figuras del arte…

 

A casa venía Augusto Palanza –el famoso premio del Museo de Bellas Artes lleva su nombre-, que tenía cuadros de Picasso y otros cuadros de artistas extraordinarios. Y además me gustaba ir a recorrer galerías con mi madre los sábados.

 

Y en 1972, cuando yo ya estaba formado como pintor, la Galería Bonino me contrató en Buenos Aires, Nueva York y Río de Janeiro, e hice exposiciones en todos esos lugares. En mi carrera como pintor hice 200 exposiciones.

 

¿Por qué en Argentina no está plasmada esa faceta de pintor?

No está plasmada porque en Argentina existe lo que me dijo Ignacio Pirovano, quien era un gran cultor del arte y fundador del Museo de Arte Decorativo: “Mirá Aldo, si en Argentina hacés más de una cosa bien, te hacen la conspiración del Silencio” (recuerda riendo)

 

¿A qué edad empezó con la fotografía?

 

A los 17 años. Y dejé de pintar hace 15 años. Pero desde los 17, hice las dos cosas.

 

Cuando estaba trabajando para las exposiciones, muchos cuadros grandesque hoy están en la NASA, en el Museo del Aire y el Espacio (Estados Unidos) o en la Planetario (Argentina), me llevaban un año terminarlos porque eras obras de 6 metros. Entonces, paralelamente, hacía fotografía.

 

¿Cuál era la temática de esos cuadros?

 

La temática siempre fue espacial. Mi primera exposición como profesional fue en 1972, con Bonino, donde hice tres series: del aire, del agua y de la tierra, que eran obras con una forma ovoide, totalmente diferenciadas.

 

Más tarde concentré en el espacio toda mi energía e hice “Cosmogonías”con Jorge Luis Borges, en 1976, con sus poemas espaciales y mis dibujos que lo ilustran.

 

Después vinieron dos libros más, con edición argentina y edición americana, con RayBradbury:“Fantasmas para Siempre” y “ Sesiones y fantasmas”, con fotos abstractas y surrealistas, y un ensayo de Bradbury, que se publicó en el año 2000.

 

Usted es incansable a la hora de hacer arte, ¿qué otras cosas hizo?

 

¡Hice cosas muy fascinantes! (ríe sutilmente).

 

Hice muchos platos de cerámica (me apoyó Rudy Laconich, de porcelanas Hartford), y también diseñé platos de mesa exclusivos para ellos. Además,  cajas de mármol y juegos de vajilla para Frank Macintosh, de Henri Bendel, de Nueva York. Le di mucha importancia a todos los experimentos que hice con platos. Y También hice estampillas para el Correo Central (ríe nuevamente, consciente de su personalidad multifacética).

 

¿En qué piensa cuando toma fotos?

 

Cuando fotografío pienso en lo que tengo adelante, en lo que busco, en lo que encuentro.

En hacer una gran foto. Siempre tu sueño es hacer una gran foto en un día, aunque hagas diez mil. Y la mayoría de las veces eso no sucede.

 

¡Se supone que con 56 ó 57 años en la fotografía ya no hacés ‘porquerías’! (carcajada).

 

Pero la foto se impone. Vos hacés una sesión de retratos donde hay tres que podrían ser, y la que es “la foto” se impone sola.

 

¿Qué tiene que tener esa“gran foto”?

 

Primero te tiene que gustar mucho a vos, te tenés que sentir muy realizado, feliz. Una gran foto es una síntesis de los que esa persona espeja en vos como su esencia. Es la imagen que vos percibís. Porque todo el arte es un movimiento subjetivo. La verdad no existe, lo que se impone es lo que ves.

 

Y no importa cómo lo hagas ni con qué cámara lo hagas. Lo que importa es lo que queda, que es la imagen.

 

¿Piensa en la mirada de los otros?

 

No. No me interesa nada lo que le va a importar al que fotografío ni a los demás que van a ver esa foto. Busco lo que me importa a mí. Mi mirada es la mirada más egoísta y más subjetiva que podrías imaginarte.

 

Estas cosas te van asentando con el paso de los años. Al principio siempre como artista te importa gustar, porque implica una forma de difundir tu obra, de hacerte notar, de escalar posiciones, de subir esa escalera interminable que es la vida de un artista.

 

A los jóvenes siempre les digo: “vos que sos joven y atlético, ¿cuántos escalones pensás que podés subir con tus piernas? Porque esa escalera no tiene fin, va al espacio”. Les explico que lo que tienen que tratar es de subir sólidamente lo más alto que puedas y en forma constante. Porque hay mucho de sangre, sudor y lágrimas en la vida de un artista, y también mucha soledad y muchos planteos sin respuestas.

 

¿Incomprensión también?

 

Ni siquiera es incomprensión. Vos sabés que no podés hacerle esos planteos a nadie. Es un tema existencial que tenés que resolver vos. Y no hay manuales. Y lo tenés que resolver porque es positivo y porque es la forma de consolidarte, de tener tu punto de vista, que es sólo tuyo y que no compite con el de nadie, y que es único.

 

Sus fotos tiene mucha armonía y son muy estéticas ¿se lo propone?

 

Trato. Porque todos tenemos nuestra personalidad y a mí me importa mucho la ‘estética’, que es la mala palabra en el arte. Creo que la pintura es un vehículo increíble para llegar a consolidar este aspecto. Estoy seguro que todos los pintores son grandes fotógrafos en potencia.

 

Me gusta mucho hacer imágenes atemporales, lo subliminal. Creo que la fotografía es un arte que te permite hacer la síntesis y retener y congelar para siempre un momento. Que no se sepa cuándo es y que a su vez se sostenga en el tiempo.

 

¿Por qué no hizo cine?

 

Yo trabajé 16 años en la  Industria del Cine y siempre tuve un respeto y una fascinación por el cine que opté por la fotografía porque pensé que no me iba a poder manejar, por mi carácter más solitario, teniendo cien personas atrás. No me gustaba. Sentía que me iba a faltar la intimidad para poder hacerlo.

 

Me hubiera encantado hacer cine. Nunca lo intenté por el miedo que tenía de no poder concretarlo de la forma que yo quería. No hubiera podido estar con los electricistas, sonidistas, vestuaristas, todo el tiempo encima.

 

Para un solitario la fotografía es ideal: siempre llevás tu ‘tercer ojo’ con vos. Nunca salgo de casa sin llevar una cámara, y cada vez que vuelvo traigo cosas… ¡Y generalmente me gustan!